lunes, 16 de febrero de 2009
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Definitivamente uno de los conceptos generadores en la arquitectura son los espacios y la pluralidad sensorial que éstos provoquen en los observadores-usuarios de los mismos, así que, entre más receptores existan, más respuestas emocionales heterogéneas existirán.
Según lo anterior, se podrían definir infinitos tipos de soluciones personales de cualquier cantidad de personas ante un solo espacio, ante una sola tendencia de arquitectura que lo concibió.
Pero si tuviera que definir un espacio de la felicidad ideal, tendría que elaborar una gran lista, para después someter los factores integradores de la misma a un proceso de selección y discriminación para optar por un resultado óptimo, además de saber reconocer que un espacio es abismalmente diferente a un lugar por las pautas analógicas-conceptuales que construyen cada uno.
Casi probable es que mi propio espacio de la felicidad sería mental, completamente intangible, como bien lo menciona el Arq. Jorge Grané: ‘’donde exista la posibilidad de observar, distinguir y describir’’.
Estos tres factores son básicos en la vida profesional, o por lo menos deberían existir implícitamente, en la cosmovisión de cada arquitecto. Y no solo para saber lo que sucede a nuestro alrededor, sino para tener un criterio de opinión sustentada, no trivial, del entorno que nos rodea, o tal vez de lo que sucede dentro del campo de lo ‘’no obvio’’, que es ese universo paralelo que pocos alcanzan a notar.
Considero que la arquitectura de la felicidad no existe como tal, por la razón de que no se puede conducir totalmente este estado de ánimo en las personas en multitud, entre otros factores; pero lo que sí podría diseñarse serían espacios gentilmente impactantes que llenen de felicidad a quienes el edificio les logre transmitir el mensaje, aclarando que no es el punto, encasillar de ninguna forma el sentimentalismo de la gente, pero si trabajando la forma en que puede ser percibido y canalizado hacia la felicidad en la arquitectura, que es diametralmente opuesto.
Y es que esta felicidad puede ser temporal, en un corto o largo plazo, pero existente al final de cuentas; lo que nos corresponde es una búsqueda poética, musical, de formas y luces que nos permitan sentirnos complacidos, tranquilos, estables en un determinado espacio, e identificar el para qué del espacio, cuál fue su concepción y uso primario para comprender sus propias características e identificar su vocación clave. Es una indagación constante y una retroalimentación sensorial de experiencias.
Se ve super bien tu blog!! Me alegro demasiadoooooo por vos!! Excelentes tus trabajos!! Me gustan!
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